No puedo realmente hablar de un buen o mal momento para empezar un trabajo de acompañamiento. Sin embargo los momentos de crisis, entendidos como momentos de cambio de situación o estatus, son propicios para que se revelen al cliente sus necesidades y oportunos para empezar un proceso de desarrollo. Pienso entre otras cosas a los duelos, nacimientos, enfermedades, separaciones, conflictos familiares, cambio de residencia, nuevas responsabilidades profesionales, cambio de sector, creación de empresas, gestión de personal, etc.